RCVO | ¿Y el receso, Ministro?
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¿Y el receso, Ministro?

A comienzos del mes de julio, individualidades y colectividades docentes se agruparon en torno a un llamado a realizar un receso pedagógico, dirigido al Ministerio de Educación, con el fin de aliviar en algo las condiciones de trabajo de las y los docentes y las comunidades educativas, en el escenario de pandemia y confinamiento.

 

Frente a esto, creemos que es una oportunidad para compartir discursos y reflexiones sobre los problemas que se han amplificado o explicitado en este contexto y que afectan a las comunidades educativas. Diversas preguntas surgen, a propósito de: ¿cómo ven las y los docentes este llamado a receso pedagógico? ¿qué problemas han experimentado en este tiempo que consideran importante visibilizar? ¿cómo se enfrenta la presión por ser productivos en este escenario? ¿es posible establecer estrategias vinculares con estudiantes a distancia y en este momento? ¿qué se exige hoy al Estado y en particular a este (des)gobierno?

 

Para pensar en torno a estas inquietudes contamos con el relato de Red Docente Feminista (REDOFEM), Vale Duque (profesora y vecina de la Villa Olímpica) y Jorge Briones (Movimiento por la Unidad Docente – MUD), quienes gentilmente han accedido a compartir su palabra con este medio.

 

 

Receso pedagógico para evitar el colapso

 

Desde REDOFEM, creen importante evitar el colapso de las comunidades educativas, debido al mal manejo de la crisis que ha llevado a cabo este gobierno, en conjunto con las malas decisiones y agobio que produce el MINEDUC. Sostienen que el anuncio de “pausa pedagógica” realizado por el ministro Figueroa va “en la misma línea del cambio de actividades para las comunidades educativas, que no significa necesariamente un receso pedagógico para docentes y estudiantes”.

 

Por su parte, Jorge Briones reconoce que este llamado a receso coincide con un momento del año que tradicionalmente ha sido definido como un período de pausa al interior de las comunidades educativas (las vacaciones de invierno), el cual pone cierre a los procesos académicos del primer semestre del año, luego de intensas jornadas de trabajo docente asociadas a este cierre. A esto, además, se suma que en el actual escenario existe un alto nivel de desgaste en las comunidades docentes, particularmente entre las docentes, pues, considerando la arquitectura machista y patriarcal sobre la cual reposan las dinámicas de crianza y cuidado, se ven enfrentadas a la coexistencia de trabajo docente remoto, trabajo doméstico y trabajo de crianza, lo que implica que “al estrés propio del encierro se superponen tareas de múltiples dimensiones a lo profesional”. Desde REDOFEM también comparten este diagnóstico, por lo que han elaborado una serie de documentos[1] con el objetivo de visibilizar estas y otras urgencias, recalcando en ello que en este contexto se exige más que nunca a las profesoras un rol maternal y contenedor ante sus alumnos, que apoye y que supla a los adultos cuidadores en todo momento, incluso fuera de su horario. Esto mismo no es algo que se esperaría de los docentes varones, los cuales sólo deberían cumplir la labor de <<entrega de contenidos>>”

 

La situación en que nos ha puesto la pandemia ha dejado en claro la incapacidad del gobierno para ofrecer una respuesta rápida y apropiada a las necesidades de las comunidades educativas, lo que ha sido evidenciado en las irritantes políticas de distribución de alimentos y de aseguramiento del acceso a la educación dirigidas a estudiantes que se han puesto en funcionamiento; y también en la lentitud del MINEDUC, a propósito de las directrices ofrecidas en torno a los sistemas de evaluación estandarizadas que rigen a estudiantes (SIMCE y Prueba de Transición, por ejemplo) y docentes (Evaluación Docente), lo que da cuenta de una preocupación mayor por la burocracia y cumplimiento de ciertas metas, antes que por brindar condiciones favorables para el desarrollo de la labor de enseñanza y desarrollo docente. Entonces, sostiene Jorge Briones, “o llegan tarde sus medidas o son inapropiadas y van generando una situación de improvisación y una incertidumbre que hace difícil enfrentar la contingencia de manera apropiada”.

 

Tal como afirman desde REDOFEM, en este contexto de crisis “las problemáticas docentes se hacen más visibles, debido a que los ojos mediáticos están por fin puestos en los temas de <<primer orden o necesidad>>, como la salud, recursos básicos o educación”, lo que ha permitido advertir y evidenciar, frente a toda persona que tenga la habilidad de observar detenidamente, que la desigualdad económica se traduce en desigualdad en el acceso a la tecnología, dificultando con ello el acceso equitativo a procesos de acompañamiento pedagógico y emocional de las y los estudiantes. A esto se suman otros problemas estructurales que ya estaban siendo evidenciados desde tiempos anteriores a la pandemia, y que Vale Duque nos vuelve a recordar, como las condiciones diferenciales de estudio que poseen estudiantes al interior de sus hogares, tanto en términos de espacio como de comprensión de contenidos. Además, considerando que la salud mental familiar es un punto importante para poder llevar a cabo una buena experiencia de aprendizaje” , resulta importante señalar que existen una serie de redes de apoyo que hoy han visto seriamente afectado su funcionamiento o que de plano no están funcionando, y que estaban centralizadas en las instituciones escolares: “como intervenciones psicosociales (que) se ven afectadas producto del confinamiento y (con ello) se desconocen las realidades sicosociales de las familias”.

 

 

¿Y la “vocación” profe?

 

La presión por ser productivos, a pesar de la crisis, la incertidumbre y el confinamiento, es algo a lo que la colectividad docente no ha estado ajena, al igual que toda la población trabajadora del territorio. El principal aspecto en que se advierte esta presión es en la constante referencia que se hace, tanto dentro como fuera de las escuelas, a la vocación docente, como forma de justificar la explotación. Desde allí, tal como sostiene Jorge Briones, quien no rinde de acuerdo a los estándares que se establecen, desde nuestras y nuestros sostenedores, es considerado un mal profesional o alguien sin vocación y que por ende no debería estar ejerciendo”. Este recurso hace que se difuminen los límites entre la labor docente y aquello que desde REDOFEM identifican como el “<<rol de “amigo>>, <<cuidador>> o <<padrino/madrina o acompañante>>”, que se narra de manera bastante gráfica a través de la imagen de un profesional que debe crear material, auto capacitarse en tecnología, comprar insumos con sus recursos, realizar visitas pedagógicas y llamadas a sus estudiantes tanto dentro como fuera del horario laboral. Esto, aseguran, “incluye también recibir trabajo y consultas de directivos, alumnos y apoderados en estos mismos horarios extras”.

 

Entonces, si las comunidades han podido ser sostenidas, hasta cierto punto, es en gran parte gracias al trabajo que están realizando las y los docentes. Sin embargo, asegura Jorge Briones, es importante reafirmar la importancia de la salud laboral de docentes y trabajadores de todo tipo, pues en un contexto en que se demanda intensificación del trabajo de los cuerpos docentes, sin contar además con un horizonte de significado articulado de manera colectiva, esto se convierte en pura y simple explotación. En esta línea, Vale Duque asegura que las comunidades están sometidas a altos niveles de estrés, lo que se traduce en altas tasas de licencias médicas, producto del agobio que el MINEDUC traspasa, a través de las entidades sostenedoras, a las escuelas. Por eso, a su juicio, hoy es importante desarrollar un trabajo desde las comunidades, atendiendo sus proyectos educativos, sin forzar los impulsos de cobertura curricular que dejan de lado los objetivos transversales “que son los más holísticos y tienen una real conexión y sentido con el mundo”, lo que explica la incapacidad del nivel central de comprender y atender las dificultades y necesidades de las y los estudiantes.

 

Todo esto repercute en las comunidades educativas, quienes se ven impedidas de recibir un acompañamiento ajustado a sus necesidades e intereses. Hoy –y siempre- resulta importante asegurar mecanismos de autocuidado al interior de las comunidades, acompañados de procesos de democratización de la toma de decisiones que permitan asegurar, en la línea que afirma Jorge Briones, que “las y los trabajadores de la educación se empoderen en la relevancia de que las decisiones también pasan por ellos y ellas”.

 

Como síntesis de esta tensión, REDOFEM elaboró recientemente una declaración[2] por el receso pedagógico, como forma de evidenciar el abandono que han sufrido por parte del MINEDUC y con el interés de exponer algunos puntos que evidencia la sobrecarga laboral que está sosteniendo el gremio. En esto, tal como ya se ha dicho, la situación de las profesoras resulta particularmente crítica y urgente de visibilizar, “debido a que cumplen doble o triple jornada laboral (labores domésticas, reproductivas y de cuidados) (y) dado que el 74% del total del cuerpo docente son mujeres”.

 

 

Vínculos a distancia

 

Considerando que la distancia física ha obligado a muchas personas a permanecer en sus casas, por largo tiempo, la práctica de educación a distancia nos obliga a levantar una pregunta a propósito de la posibilidad de articular estrategias vinculares que ayuden a fortalecer las oportunidades disponibles para que niños, niñas y jóvenes puedan acceder a aprendizajes significativos.

 

Sobre esto, las personas que hemos entrevistado aseguran que sí existe la posibilidad de sostener vínculos con las y los estudiantes, a pesar de la distancia. Sin embargo, lo relevante sobre este punto es dar cuenta, una vez más, que el acceso desigual a la tecnología es aquello que desestabiliza la posibilidad de alcanzar estrategias efectivas. Tal como afirma Jorge Briones, podemos disponer de teléfonos, computadores, de acceso a televisión y radio, pero la posibilidad de que el mensaje llegue a su receptor de la manera apropiada se complejiza por la falta de acceso a planes de telefonía o planes de datos o internet”. Además, en aquellos hogares en que los adultos cuidadores siguen trabajando, ocurre que niños, niñas y jóvenes no siempre pueden ser apoyados en los términos esperados. Por esto, parece relevante flexibilizar los criterios de entrega de recursos, identificando y disponiendo otros medios para mediar la enseñanza y el aprendizaje.

 

A juicio de Vale Duque, los módulos colaborativos pueden ayudar a aliviar en cierta medida estas dinámicas, pues son actividades entre dos o más asignaturas, creando un proyecto en el cuál se evalúa de manera formativa el proceso y el resultado, así las y los estudiantes se someten a menos presiones y tienen mejores resultados”. Así, la integración de contenidos y asignaturas, junto con la categorización de saberes en conexión con el proyecto educativo y sello de cada comunidad, ayuda también a repensar los sentidos de la educación. En esto, además, asegura la relevancia de promover contenidos no sexistas, antirracistas y decoloniales, teniendo “especial cuidado con las imágenes adecuadas para la creación de material educativo, que no reproduzcan estereotipos de género y que tenga un lenguaje inclusivo”.

 

De esta manera, los vínculos no son sólo pedagógicos, en el sentido del contenido que se aborda, sino también afectivos, por lo que resulta importante también abordar esa dimensión, sobre todo en aquellos grupos de docentes y estudiantes que trabajan en colaboración por primera vez y que no alcanzaron a conocerse lo suficiente antes de que comenzara el confinamiento. Contar con tiempo y espacio para consolidar confianzas y vínculos emocionales-afectivos con las y los estudiantes resulta esencial. Al respecto, Jorge Briones sostiene que “puedo tener una buena conexión, un buen vínculo, pero no sé qué está pasando en las casas de las y los estudiantes”, sobre todo considerando la incertidumbre de todo tipo a la que están sometidas muchas familias y, también, que las situaciones de violencia intra familiar se han agudizado.

 

En definitiva, la posibilidad de estrechar vínculos, como en todo proceso pedagógico, requiere considerar una diversidad de elementos, entre los que se debiesen incluir, “lo tecnológico, lo afectivo y lo relacional que está dentro de cada hogar de las y los estudiantes, pero también de las y los trabajadores de la educación”.

 

 

Asegurar(se) bienestar

 

En este punto es importante volver sobre la exigencia de un receso pedagógico efectivo, tal como afirman desde REDOFEM, que ponga “en el centro de las decisiones el bienestar de quienes integran las comunidades educativas, y no así el cumplimiento del calendario escolar regional, como ha mencionado públicamente el actual Ministro”. Tal como se ha evidenciado a lo largo de esta publicación, la pandemia ha amplificado y evidenciado una serie de problemáticas y urgencias que son el resultado de discusiones que se han postergado por años en el sistema educativo chileno, principalmente por el rol que han desempeñado las personas a cargo de la toma de decisiones, quienes históricamente han desestimado las demandas que se levantan desde las comunidades educativas y particularmente docentes.

 

Al día de hoy, se advierte una completa desconexión de parte del MINEDUC, expresada en la toma de decisiones unilaterales que no ponen en su centro la salud mental de docentes y estudiantes, dejando en evidencia, además, las precariedades sobre las cuales reposa el sistema educacional chileno. En la actual pandemia, tal como nos recuerdan desde REDOFEM, “no todes les estudiantes cuentan con los recursos tecnológicos para sobrellevar la educación a distancia, o el acceso a internet como condición mínima para acceder a la educación. Estudiantes cumplen funciones de cuidados con hermanes menores, debido a que padres/madres deben cumplir funciones labores, no (cuentan) con un lugar adecuado para el estudio, ni con una condición económica estable para el núcleo familiar”.

 

El escenario actual exige, como afirma Vale Duque, “dialogar con las organizaciones de profesores y profesoras para comprender sus diferentes realidades, recogiendo nuestras impresiones” y, también, disponer recursos tecnológicos para las escuelas públicas que lo requieran, con el fin de reducir esta brecha entre las comunidades. Del mismo modo, Jorge Briones afirma que es importante enriquecer las ayudas que se entregan a través de las canastas familiares, pues muchas veces no se apoyan en un catastro que permita responder a las necesidades de toda la comunidad; avanzar en planes de salud mental que vayan en ayuda de las y los trabajadores de la educación, pero también de las familias en su conjunto; otorgar certezas sobre el proceso de cierre de año y modalidades financiamiento de la educación en fase de des-confinamiento (considerando que el actual modelo se sostiene sobre subvención por asistencia); y finalmente establecer criterios de promoción para este año, considerando que hay estudiantes que finalizan su ciclo de enseñanza básica y media. 

 

Foto: REDOFEM

 

Radio Comunitaria Villa Olímpica

6 años alimentando el fuego de la resistencia compartida

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[1] https://radiojgm.uchile.cl/redofem-critica-decision-del-mineduc-por-no-contemplar-un-receso-efectivo/

 

https://www.eldesconcierto.cl/2020/07/11/recesopedagogico-docentes-feministas-y-comunidades-educativas-lanzan-campana-para-evitar-agobio-escolar/

 

[2] http://www.redofem.com/2020/03/27/declaracion-a-partir-de-las-medidas-anunciadas-por-el-ministro-de-educacion-raul-figueroa/