RCVO | ¿Confinamiento Productivo?: Entrevista a Alejandra Lizana, Presidenta FENATED
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¿Confinamiento Productivo?: Entrevista a Alejandra Lizana, Presidenta FENATED

La situación de niños, niñas y adolescentes del sistema educativo chileno ha sido objeto de preocupación durante la actual crisis sanitaria,

a propósito de las condiciones en que se ha impuesto o forzado la continuidad de su aprendizaje.

 

 

Para abordar este tema y sus implicancias entrevistamos a Alejandra Lizana Ossandón, Presidenta de la Federación Nacional de Trabajadores y Trabajadoras de la Educación (FENATED), que agrupa a sindicatos de colegios particulares pagados y subvencionados de diferentes zonas del país. 

 

 

La actuación del Ministerio de Educación

 

La crisis social, y ahora sanitaria, ha venido a exponer con fuerza las contradicciones sobre las cuales se sostiene el sistema educativo chileno. En estas últimas semanas, se ha podido advertir el actuar errático, en relación a su rol institucional, del Ministerio de Educación, pero, según palabras de Alejandra Lizana, “coherente con sus intereses de clase”. En frente de esto, la FENATED identifica al menos tres puntos críticos que afectan a las comunidades educativas: En primer lugar, los turnos éticos establecen, por un lado, que existen profesionales de primera y segunda categoría, pues, frente al cuerpo docente, fueron las y los asistentes de educación las primeras personas llamadas a cubrir estos turnos, al paso que, por otro lado, también es posible reconocer que ha habido docentes cumpliendo estos turnos, ejerciendo labores que no resultaba obligatorio realizar en las escuelas, poniendo en riesgo a sus comunidades y familias. En segundo lugar, se afecta el sentido de comunidad educativa, pues el proceso educativo es “complejo y multidireccional”, lo que implica que el aprendizaje curricular no es el único que está en juego al interior de las escuelas o de las aulas. Sin embargo, frente este tipo de aprendizaje, hoy están quedando relegadas iniciativas de fortalecimiento de la participación, convivencia y bienestar emocional de niños, niñas y adolescentes. En tercer lugar, la actual crisis pone en evidencia los problemas relacionados con las condiciones laborales al interior de los establecimientos educativos, principalmente porque docentes y asistentes de la educación han debido soportar grandes cargas de trabajo, pero también porque la actual crisis se presta para establecer funciones de primera y segunda categoría al interior de los centros educativos, tal como es el caso de las y los asistentes de la educación, cuya labor dentro del proceso de enseñanza y aprendizaje pasa a ser invisibilizada, debilitando con ello la importante labor que desarrollan al interior de las comunidades educativas. Frente a todo esto, el Ministerio de Educación no ha logrado articular directrices claras y certeras que permitan hacer frente a la crisis.

 

 

 

 

“Virtualización forzosa”: Un desafío al sentido del rol docente

 

La tele-enseñanza instala, a juicio de Alejandra, una “virtualización forzosa que establece un nuevo escenario, complejo y variable”. Frente a esto, ella reconoce que los sindicatos están aún elaborando un análisis que les permita dar cuenta de la experiencia de las y los docentes. Sin embargo, hay algunas cuestiones que ya se van haciendo evidentes. Por ejemplo, se pone en tela de juicio el rol de los docentes, quienes una vez más, desde la institucionalidad, son vistos y forzados a operar como una “correa de transmisión”, encargada de dar cumplimiento a la cobertura curricular que interesa empujar al Ministerio de Educación. El proceso de trabajo con los contenidos curriculares se convierte en mero traspaso de información, guías y actividades, lo que resulta aún más doloroso en un contexto de crisis sanitaria, en medio de la cual las familias tienen otras preocupaciones o eventos que atender. De esta manera el rol docente ve desafiado su sentido, obligado a uniformar una experiencia que, en las aulas, es siempre dinámica, debido a la realidad diversa que asumen las distintas comunidades educativas. En este escenario, el Ministerio de Educación sostiene una relación autoritaria con las comunidades, estableciendo directrices que resultan agobiantes y frente a las cuales aún no ha sido posible oponer resistencia, pues, bajo esta atomización forzada, las comunidades educativas han tenido escasas oportunidades de reflexionar y construir sentires compartidos.

 

 

 

 

Asegurar el bienestar emocional de las comunidades educativas

 

El actual escenario y la forma en que se ha obligado a docentes a abordarlo tendrá sin duda repercusiones sobre el aprendizaje de niños y niñas, pero también sobre las condiciones laborales de docentes y la forma en que las familias se pueden hacer parte del proceso educativo, en un contexto en que están continuamente expuestas a las desigualdades que delimitan el acceso y participación al interior del sistema educativo chileno.

 

Para Alejandra Lizana, es muy probable que todo aquello que hoy ha llegado a las familias en forma de guías, actividades y presentaciones de contenidos tendrá un escaso impacto en el aprendizaje de niños y niñas. Lo fundamental hoy es poner atención a la salud mental y emocional de niños, niñas, sus familias, trabajadores y trabajadoras de la educación, factor crítico de esta crisis y también de su posterior superación, pues debe asumirse que toda comunidad educativa, luego de superada la pandemia, deberá llevar a cabo un trabajo de contención y recuperación emocional del colectivo. En esto surgen las siguientes preguntas ¿qué se hará al volver a los centros educativos? ¿en qué condiciones será este retorno? ¿qué aprendizajes se recogerán de lo vivido? Lo importante, de momento, será asegurar que existan espacios de reflexión que permitan construir respuestas colectivas a estas y otras interrogantes.

 

 

 

 

Recuperar el sentido de comunidad

 

A propósito de la exacerbación de las miserias que expone la actual crisis, la FENATED levanta una serie de demandas que avanzan con la intención de recuperar, o reconstruir, el sentido de comunidad educativa. Para esto, se vuelve necesario enfrentar la visión de la educación altamente tecnificada y fragmentada que impone la institucionalidad vigente, lo que muchas veces significa maniobrar en un escenario abultado de objetivos de aprendizaje y/o enseñanza que no siempre se alcanzan a abordar, obligando a las y los docentes a privilegiar unos contenidos sobre otros para trabajar con niños y niñas. Por otro lado, reconstruir o recuperar el sentido de comunidad también pasa por reconocer que no solamente el salario define el carácter del trabajo, pues sus condiciones también se definen en la forma en que este se ejerce, es decir, en qué ambiente, con qué recursos y bajo cuáles directrices, las que es necesario revisar de manera permanente a través de espacios de resolución que permitan que la voz de trabajadores y trabajadoras de la educación sea escuchada. Finalmente, revisando también la condición docente desde una perspectiva feminista, pues es importante señalar que cerca de un 80% de las personas afiliadas a FENATED son mujeres, de las cuales un 77% son madres y un 30% son mujeres jubiladas que no han podido dejar de trabajar debido a las miserables pensiones que reciben. Hay allí, por lo tanto, un vínculo entre trabajo, crianza y cuidados que es necesario no perder de vista.

 

 

 

 

Finalmente, Alejandra Lizana resalta la importancia de dirigir demandas hacia la Dirección del Trabajo a propósito de las negociaciones colectivas que al día de hoy no han sido congeladas. Por esta razón, no es posible asegurar condiciones que aseguren una negociación en buen pie para las y los trabajadores, lo que ha significado que se deban abandonar algunas demandas colectivas para no poner en juego el bienestar de trabajadores y trabajadoras de la educación. El llamado es al gobierno para resolver esto y no obligar al pueblo, una vez más, a pagar los costos de esta crisis.

 

 

 

Ilustración: Neuromancer, de William Gibson

 

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