RCVO | Conversatorio Feminismo Anticarcelario
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Conversatorio Feminismo Anticarcelario

El día 5 de marzo, a eso de las 19:00 hrs., la Casa Bolívar se repletó para la realización del conversatorio sobre Feminismo Anticarcelario, el primero organizado por la comisión de Mujeres y Disidencias Anticarcelarias de la Coordinadora 18 de Octubre.

 

A continuación presentamos algunos de los aprendizajes y reflexiones que surgieron durante esta jornada.

 

La principal invitación de este espacio buscaba provocar una reflexión a propósito de ser feminista y luchar, al mismo tiempo, contra la cárcel. Desde esta perspectiva, la lucha no aparece como un motivo para reformar la cárcel sino para acabar con ella, pues representa un sistema de control y dominación que es expresivo de la lucha de clases, convirtiéndose en un eslabón más del sistema capitalista que impera. Muestra de esto, por ejemplo, es que quienes son encarceladxs son sometidxs a clasificaciones que responden a categorías de riesgo que consideran la apariencia, lenguaje, cicatrices, tatuajes, nivel educacional y reincidencia de las personas, señalando su peligrosidad a partir de la clase a la que pertenecen.  

 

Desde allí, uno de los principales objetivos de la cárcel es el castigo, mientras, por el contrario, las feministas buscan problematizar, reflexionar y revisar el origen de los conflictos que hoy se castigan con encierro y aislamiento. Como espacio que rompe la libertad, además, la cárcel también puede ser entendida como un eslabón adicional del sistema patriarcal, que encierra, tortura, criminaliza y mata.

 

Desde que se inició la revuelta, la comisión ha identificado a 81 presxs por motivos asociados a la manifestación, entre quienes se encuentran dos mujeres y una persona disidente bajo arresto domiciliario.

 

El castigo para mujeres que se encuentran en prisión es doble, porque además se enjuicia el abandono a su rol de madre y cuidadora, histórica y culturalmente asignado. La expresión del rol patriarcal se expresa incluso en el régimen de visitas que reciben lxs presxs, pues mientras hombres reciben visitas y cuidados de mujeres, estas últimas no reciben el mismo trato por parte de hombres (el 85% de las mujeres encarceladas reciben visitas de otras mujeres).  

 

En este contexto también parece justificado preguntarse cómo hacer efectiva la solidaridad hacia compañerxs presxs. Ante ello, lo principal es recordar que los delitos no son individuales sino colectivos, pues su origen responde a la superestructura que sostiene al sistema capitalista y patriarcal, cuyas marcas y huellas se inscriben en el cuerpo de quienes son encerradxs. Este sistema, por lo demás, se vive de forma aún más dramática al interior de la cárcel, donde el carácter expresivo de la diferencia y la desigualdad se hace más evidente. No abandonar, por tanto, a quienes han sido encarceladxs por un motivo colectivo antes que individual.

 

 

A partir de algunos datos entregados por gendarmería, podemos comprobar que un 8,4% de quienes están en las cárceles son mujeres, en general de entre 25 y 29 años. Las regiones con mayor población de mujeres son Tarapacá, Valparaíso y la Región Metropolitana. El 95% de ellas, además, son madres, de las cuales un 6,5% tiene algún oficio o cualifación. El 42% finalizó su educación básica. Otro dato importante señala que de todxs lxs adultxs que hoy está en una cárcel uno de cada dos pasó antes por el Sename.

 

¿Cómo abordar, entonces, la idea de justicia desde una perspectiva feminista y anticarcelaria? Sabemos que las cárceles son un pilar estructural de la cultura del miedo y, además, que la lucha contra la cárcel no es nueva, sino que responde a aquella energía ancestral que lucha contra toda forma de dominación. No es posible, por lo tanto, pedir ayuda al Estado; ser sus cómplices no hace más que perpetuar las opresiones. La idea de justicia que se propaga fuertemente señala que ningún ataque puede quedar sin respuesta, para lo cual se hace necesario avanzar en ejercicios de autoeducación y autodefensa que permitan hacer frente a violadores, femicidas y quienes actúan como representantes de la cultura patriarcal que perpetúa este tipo de acciones.  

 

La figura de la cárcel como institución de castigo es, por otro lado, engañosa, pues además de castigar también persigue extraer e invisibilizar a las personas que incomodan al interior de la sociedad, extirpando con ello sus problemas y condiciones de vida, como es el caso de las mujeres que son encerradas por el ejercicio de microtráfico; la mayoría de ellas son madres que inician una labor que busca ser compatible con las actividades de cuidado que realizan.

 

Frente al castigo, la idea de justicia responde a un acto de reparación a propósito de una violencia que se ha ejercido sobre determinados cuerpos. Y el tipo de reparación al que se aspira se apoya en la autodefensa y en un ejercicio continuo que permita reconceptualizar las violencias ocurridas para levantar la figura de alguien que sobrevive al Estado patriarcal. De otro modo, no se aspira a la justicia burocrática institucional, plagada de gente que no interpreta las violencias sufridas por mujeres y disidencias como crímenes.

 

 

Ahora, también, ¿cómo enfrentar la penalidad asociada a la posible autodefensa de las mujeres? ¿cómo hacerse de nuevas herramientas para el cotidiano que permitan hacer frente a los continuos ataques que se sufren? Allí parece importante revisar la experiencia organizada de otros territorios. Por ejemplo, las mujeres kurdas se movilizan bajo un sistema que organiza casas de trabajo comunitario para quienes ejercen algún tipo de violencia sobre los cuerpos, en las cuales además se ofrece un trabajo de reeducación. Además, quienes han sido dirigidos a estas casas para reeducarse y ofrecer servicio a la comunidad son quienes ocupan la primera línea de combate en cualquier enfrentamiento, para defender al resto de sus compañerxs. Por su parte, las mujeres zapatistas trasladan un aprendizaje que señala que el alcance del buen vivir es posible cuando el sistema es abolido por completo. De otra manera, empezar de cero puede ser una clave para tener en cuenta. Desde allí, casi siempre la respuesta es la comunidad y la construcción de espacios para compartir sentires y pareceres.     

 

Sobre el orden que asume el discurso durante la jornada, también hay quienes ponen acento en identificar que no corresponde a las mujeres y disidencias hacerse cargo de ofrecer soluciones para todxs; hay que sacudirse de la figura de quien está a cargo de procurar el cuidado y abandonar la idea de que son ellxs mismxs quienes deben reeducar a sus agresores. “Si los hombres quieren hacer algo, que salgan a la calle a detener las violaciones”. La reeducación no debe estar dirigida a los hombres sino a mujeres y disidencias, para entender cuál es el lugar que se ocupa en el mundo, no como víctimas sino como sobrevivientes, superando la figura de sometimiento frente a los victimarios. Volver al cuerpo es fundamental para la autodefensa física e intelectual.

 

Hacia el cierre, también se hicieron llamados a no invisibilizar a las personas trans, reconociendo en ello los privilegios que poseen las personas hetero cisgénero. Además, se hizo una invitación a abandonar perspectivas adulto céntricas e incluir a niñxs en la lucha anticarcelaria, pensando sobre todo la situación que viven quienes se encuentran en el Sename.

 

La Coordinadora 18 de Octubre estará anunciando nuevas convocatorias de encuentro para este tipo de actividades. Compartimos parte del material que se entregó en la jornada y te invitamos a visitar sus redes.

 

Material 1

Material 2

 

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