RCVO | Año nuevo en la Plaza de la Dignidad
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Año nuevo en la Plaza de la Dignidad

Año nuevo en la Plaza de la Dignidad

Llegamos treinta minutos antes de la medianoche a la Plaza de la Dignidad. Caminábamos por el Parque Bustamante y ya desde calle Santa Isabel se veían grupos de personas avanzando en dirección a la plaza.

 

 

Algunas con parlantes acompañaban con música la caminata, otras agitaban la wenufoye. Desde algunas cuadras antes ya se escuchaban los gritos de la gente, se veían los enjambres de punteros láser y se divisaban los destellos que acompañaban las explosiones de fuegos artificiales.

 

En la plaza, Ana Tijoux alentaba la espera al ritmo de “Antipatriarca”, arriba del balcón de un edificio contiguo al teatro de la Universidad de Chile.

 

 

A pesar de la multitud, de las miles de personas allí presentes, logramos encontrarnos con varios amigos para esperar la hora de los abrazos. El ambiente era medianamente festivo, pues se acompañaba también de un ánimo de protesta, azuzado por las consignas que han acompañado la revuelta. “Solo luchando avanzamos”, decía el lienzo que coronaba esta reunión.

 

A la medianoche, fuegos artificiales despegaron desde distintos puntos de la plaza, acompañados por los estallidos de alegría que se materializaban entre abrazos y gestos de afecto entre todas las personas que ocupábamos la plaza. En el edificio de la Telefónica se proyectaban, a su tiempo, los conceptos que nos mueven: “dignidad”, “equidad”, “justicia”, “igualdad”, “newen”, “el agua vuelve a ser de todos y de nadie”. De fondo, sonaba “El Pueblo Unido” de Quilapayún, coreado fuerte por toda la gente, reemplazando las típicas cumbias que despiden el año viejo.

 

 

Durante toda la madrugada el ambiente de la plaza fue tranquilo, con algunos leves enfrentamientos con la policía. Esto gracias a la contención de la primera línea, que impedía la avanzada del poder institucional. Nos ofrecieron, con esto, un espacio seguro, que abrió diálogos entre personas hasta entonces desconocidas, de todas las edades, que traspasaban, como ofrendas, el anhelo de enunciar deseos colectivos antes que individuales, para el año que comienza. Así, la intimidad de esta ceremonia se transforma en energía callejera, colectiva y solidaria.

 

 

Cerca de las cuatro de la mañana, bajo el humo de algunas lacrimógenas, Los Prisioneros, Los 2 Minutos y otras bandas de punk y rock, encendían un mosh cercano al memorial de Mauricio Fredes, muerto por la represión policial. Allí se lee: “Las voces que silenciaron vivirán en el viento. Y cuando aceche el terror, el viento susurrará ¡Sigue adelante! (cae unx nos levantamos todxs)”

 

 

Fotos: P. de la Cruz