RCVO | Renca y el Grito de Antígona.
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Renca y el Grito de Antígona.

Renca y el Grito de Antígona.

Renca no la lleva, fue el gesto ético de retirar, hace unos años, la palabra que en gruesos caracteres se escribía en el cerro, para dejar un simple y nominal RENCA.

 

Tras la colonización y luego de la caída de la agricultura comenzaron las tomas de terreno en Renca, en 1969. Renca, tal como se la conoce hoy, se asienta con la llegada de nuevos pobladores y pobladoras de diferentes lugares de la región y del país en muy pocos años y al día de hoy sigue siendo una comuna de pobladores.

Desde entonces ha sido pobre y es una de las comunas de mayor vulnerabilidad psicosocial de la región metropolitana en la actualidad. Lo cierto es que, más que llevarla, la habita gente que salva el día a día con unas pocas monedas.

Otros van a sus trabajos asalariados o apatronados dentro mismo o al otro extremo de la ciudad. Hay también la narco cultura con sus grafitis y sus lemas de auge masculino narcisista, caída y redención vengativa. En el ambiente, se divisa la cosa popular que tiene sus propias formas y códigos de lenguajear la realidad. Su cerro, árido y seco, es como desértico.

 

Renca la lleva fue una creación infame y ambiciosa de Vicki Barahona, antigua alcaldesa, madre de la inflamanteKarla Rubilar. La vida es injusta. Renca, Kayser puntualmente, se precipitó en una nueva zona de sacrificio durante los días de estado de excepción y funcionó como micro telón de fondo al improvisado shock express. ¿Podrá siquiera Karla Rubilar, boba de los empresarios, aproximarse a ese pensamiento que toca una verdad?

 

 

 

Joshua Osorio vivía en Renca. Seguro que jugó en peladeros y tierrales, con el calor dando el azote en su cabeza de niño poblador. Seguro que en lo que tuvo de adolescencia despertó a la amistad, al amor y a la injusticia.

Su madre, Solange, una verdadera Antígona moderna, denuncia la muerte y vejación de su cuerpo en 3 tiempos que la desgarran: el de su muerte efectiva, desconocida, el de su cuerpo entregado a las llamas y el del peritaje truqueado, inconsistente en todas sus formas, que con posterioridad se le otorga: 3 orificios en el pecho.

La vida es 3 o más veces de injusta para los pobres, pero que la muerte misma pueda convertirse en 3 o mas ultrajes a la vida que marcan la serie del mismo Uno que se repite en más, eso es profanación y es maldad banalizada en la sucesión. 

 

La Dignidad y la Justicia, en estas condiciones, son uno y el mismo Grito. Solange, afuera del Kayser, el sol azota su cabeza y la de sus cercanos presentes, toma aliento y, con una fuerza que esta más allá de sí misma, que le viene como de las entrañas del cerro, grita y conjura, cual Antígona en el desierto de Tebas exigiendo el entierro digno del cuerpo de su hermano Polinices entregado a los buitres: “¡No quieran olvidarlo!, ¡Nadie puede olvidar el nombre de mi hijo!”.No quieran olvidar el nombreson las palabras que en un acto pueden unificar la fragmentación repetitiva y cruel de la muerte de Joshua.

 

Un nuevo aliento y el momento de la comprensión: “¡Eso es lo que quieren!, ¡Un futuro comprado de puros ricachones!, ¡¿Dónde estamos los pobres?! (…) ¡Nos tratan de ignorantes!, ¡Nos tratan de ladrones!, ¡Nos tratan de asesinos!(…)¡¿Donde están?!, ¡¿Dónde están los derechos de nosotros?!”.

Y luego, precipitándose en el momento de la conclusión, que es como como unsaz!, devela la causa de la banalidad del mal: “¡Es el Modernismo lo que les asusta!”.

 

El modernismo es el Grito por la Vida, la Libertad, La Justicia y la Verdad, y les asusta.