RCVO | EL ORIGEN DE LA VIOLENCIA
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EL ORIGEN DE LA VIOLENCIA

EL ORIGEN DE LA VIOLENCIA

La prensa está haciendo súper bien su trabajo, centrando la discusión en los desmanes y saqueos que se sucedieron el día de ayer,tanto en el centro de Santiago, como en el corazón de las grandes ciudades del país.

 

 

El gobierno debe estar orgulloso de su brazo comunicacional, olfateando que los y las incautxs de siempre, se escandalizan, preocupan y reclaman más por la postal de una oficina de una caja de compensación destrozada, que por la violencia estructural que afecta a lxs miles de abuelos y abuelas en Chile, que ahí se pagan sus pensiones de miseria, las cuales no les alcanzan para vivir dignamente o cubrir las necesidades básicas en este desigual país.

 


Que injusto y penoso es ver que ciudadanos, parte de la clase explotada, victimice a las empresas en vez de mirarse ellxs como víctimas de este monstruo neoliberal y sus sostenedores.

 

 

No podemos olvidar que el origen de la violencia que se ve en las calles no es otro más que el que se encuentra en los cimientos del modelo económico y político que nos rige desde la instauración experimental del neoliberalismo en plena dictadura, el cual se fue afianzando y profundizando a medida que se fueron sucediendo los gobiernos tanto de concertación y derecha, con reformas económicas que solo jugaron en beneficio del empresariado y el 1% del sector más rico del país y la nula voluntad política de cambiar la constitución dictatorial que amarra e impide cualquier posibilidad de cambio estructural en las áreas más sensibles de la vida social.

 

 

La violencia la trae consigo en sus garras el sistema imperante, es transada en el mercado por los dueños del capital y es administrada por el estado en cada uno de sus poderes: ejecutivo, legislativo y judicial; cada uno en su ámbito, cada uno en el rol comprometido de ante mano, cada uno en función de mantener el modelo intacto, maquillándolo cuando sea necesario, pero sin cambiar sustancialmente su aspecto de fondo, con tal de mantener engañada a la población con ilusiones de sostenibilidad económica y funcionamiento del aparataje burocrático. 

 

En estos momentos de ataque comunicacional por parte de la prensa corporativa, es necesario reforzar cual es el foco central de esta revuelta social, que surgió de forma espontánea pero que poco a poco va tomando forma en los distintos territorios a lo largo del país, y que no es más que la transformación radical de la sociedad, partiendo por la derogación de la carta magna que nos rige, para seguir derribando cada uno de los pilares que sostienen esta desbalanceada realidad.

 

 

 

La prensa y el gobierno harán lo posible por desviar la conversación hacia estos hechos que ellos denominan delictuales, condenando a priori y tajantemente cada hecho, sin darse el trabajo de mirar las condiciones objetivas actuales, de forma introspectiva y retrospectiva en la búsqueda de entender el porqué de esta violencia, sin cuestionar la cagada que tenemos en educación, salud, vivienda, trabajo, transporte, pensiones, crisis hídrica producto del saqueo del agua, explotación indiscriminada de bosques y ríos en el sur, la reducción de la tierra del pueblo mapuche y la ocupación policial del walmapu, privatización de sectores claves para el país, TPP-11, IRSSA, corrupción de la política financiada por empresarios a su interés, perdonazos tributarios a grandes empresas, colusión, evasión y elusión de impuestos por parte de los magnates del país y así un suma y sigue que parece ser interminable, que parecía no tener descaro, que parecía no tener fin, que seguía presionando esta olla que finalmente estalló el viernes 18 de octubre. 

 

 

Todos estos hechos, que se enumeran de forma general sin calar profundo en cada uno, provocaron el despertar del pueblo, de quienes lo sufren en el cotidiano, de quienes no aguantan más esta miseria, por ende, no esperes flores y bailes a la afueras de las oficinas de entidades privadas y públicas o a las afueras del gran comercio transnacional o multinacional, la violencia que se ejerce en la calle no es más que la respuesta natural a la violencia sistémica que vive la clase trabajadora en chile, años de postergación avalan el malestar y la forma que toma la protesta en ciertas jornadas. No son infiltrados, no es la policía de civil (sin obviar que dentro de la estrategia policial sí existe este proceder), es el pueblo humillado y cansado de serlo, quien se manifiesta con fuerza revolucionaria contra los símbolos del capital y el estado que perpetua y defiende este sistema económico (como dicta la lógica). Esta violencia callejera es una violencia legítima cuando se tiene en frente una estructura piramidal que nos sumerge y ahoga día a día a vivir siempre condicionados a los vaivenes de sus mercados y transacciones políticas, siendo millones los que soportamos la base de esta pirámide con la mierda hasta más arriba de la cabeza, para que la elite disfrute tranquilamente en la cúspide. Y si bien, como ya se ha planteado columnas anteriores, el escenario más cómodo para los gobernantes es enfrentar al mismo pueblo cansado y movilizado entre sí, llevando la discusión a la necesidad de más control y seguridad en las calles, lo cual podría ser nefasto y allanar el camino a una nuevo estado de excepción constitucional, es necesario comprender la violencia desatada y entender su origen, con el fin de no caer en la distorsión de los medios y el gobierno, quienes apuntan a la división y a bajar la intensidad de la protesta y su disminución cuantitativa. 

 

 

 

 

 

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