RCVO | Se está precipitando un entierro
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Se está precipitando un entierro

Se está precipitando un entierro

Se está precipitando un entierro. Sin velas, sin llanto, sin duelo. Así no más, porque hay que seguir adelante, nos dicen.

Recuperar la normalidad. Mirar hacia adelante. Disponen de un repertorio completo de frases orientadas al retorno, hacia lo conocido y lo “seguro”.

 

Pero no hay normalidad posible cuando se ha instalado una nueva pregunta, o más bien una inquietud; un pequeño ardor que ha desatado una agitación pocas veces vista en este cuerpo que hoy pretenden sepultar, pues apunta a construir una política que no quede atrapada en las dinámicas de la institucionalidad, señalando una pregunta por un futuro posible.

 

Este despertar no involucra solamente reconocer aspectos de nuestra vida cotidiana que antes ignorábamos, sino sacudir por completo nuestra relación con el mundo (Fisher, 2018); es una conciencia con fuerte potencial productivo y creativo, capaz de articular un ‘nosotros’ que puede intervenir el mundo tal como se le conoce, es decir, transformarlo. Y esto no es puro romanticismo, pues multitudes han descubierto y señalado un leve pero significativo potencial de cambio en su habitar cotidiano: en la asamblea del barrio, en la conversación mientras se alimenta la barricada y en todas aquellas reuniones espontáneas que convierten en colectivas las tensiones del capitalismo, lo que habilita actos que ponen un límite a las iniciativas del poder y que, por lo mismo, abren espacios en el que se vuelve posible ensayar nuevas formas de ser y hacer (Sztulwark, 2019).

 

La expresividad de estos actos es tal que se ha operado frente a ellas como se procede frente a una crisis. Y el remedio ha sido echar cuerda y soltar a todas las máquinas, mecánicas y humanas, que permitan reprimir el síntoma, lo que da cuenta del horror que produce al neoliberalismo toda potencial insolvencia del sistema. Actuar en consecuencia implica, por lo tanto, impulsar una respuesta hostil frente a las “micro políticas no-neoliberales”.

 

La insurrección, por su parte, da cuenta de cierto sentido de la democracia, pues, antes que respetar y defender las instituciones ya existentes, establece preguntas orientadas a la creación de otras formas de reunión y encuentro. De otro modo, “crear formas de vida no neoliberal supone crear instituciones nuevas”, apoyadas en otras formas de expresión y concreción de la imaginación colectiva (Sztulwark, 2019).    

 

La creatividad, la energía, la organización y el sentido de estrategia de grandes y chicxs se ha definido como una amenaza. Y por ello se está precipitando su entierro, para ahogar, por el peso de la tierra, la capacidad de imaginar, decir y ensayar nuevas formas de ser y hacer, restaurando con ello la “normalidad”.

 

Se está precipitando un entierro, pero con el apuro no se han percatado que no hay cuerpo dentro del ataúd. Este sigue respirando y agitándose, envolviendo una llama que cada día crece.

 

 

 

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