RCVO | Piedras, ollas y metal
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Piedras, ollas y metal

Piedras, ollas y metal

Piedras, ollas y metales repican en las esquinas, y se mezclan con las bocinas de autos adherentes. Cánticos espontáneos.

Desde los primeros llamados a evasiones masivas a comienzos de semana, hasta este minuto, el descontento y la rabia han subido como una espuma o columnas de humo negro sin límites -la tele muestra 5 buses del transantiago ahora mismo ardiendo.

 

¿Quién o qué podrá predecir cómo terminará esta inacabable marcha de protestas reivindicatorias de nuestro habitar? ¿Cuántos muertos más habrá? ¿Cuántas estaciones más serán quemadas? ¿Cuántos balines más perforarán la piel ?

 

Está todo latente, latiendo.

 

Difícil nos resulta hablar como individuos de un fenómeno eminentemente colectivo –el fuego pulula en calles asfixiadas de cemento. Por un lado, los personeros del gobierno no pueden reírse de la gente en la cara pidiendo que se levanten más temprano si quieren pagar menos por su transporte público o que compren flores porque están más baratas. Hay una declarada burla de la oligarquía hacia el proletariado. No pueden estirar tanto el chicle con el sudor y la angustia del pueblo, que no alcanza a comprar la marraqueta con tomate a fin de mes –las protestas, anuncian por la radio, se irradian a regiones. No pueden pretender silencio y obediencia ante la precarización sostenida de la educación, la salud y las pensiones.

 

Además de todo esto, por si fuera poco, la expresión popular entraña algo más profundo.

 

La población, intuitivamente, se da cuenta de que nos hacen apretar un tornillo rodado. Lo sabemos, no hay dónde esconderlo. No hay materias primas mundiales para mantener costumbres burguesas, no hay lógica en que lo individual prevalezca por sobre lo colectivo por dictamen del capital, no hay agua, no hay semilla, no hay libertad de música, de libros, de frutas: el tornillo está liso por completo.

 

Cuando el animal está acorralado, no por sensatez sino por desesperación, arranca despavorido por los bosques.

 

Siguen y siguen sonando. Familias fueron a almorzar con sus piedras, otras vienen llegando con sus cacerolas. Las horas de furia aguardan en las sobras, los milicos esperan, pacientes, en su pórtico de sangre. La colisión está a la vuelta de la esquina.

 

DALE PLAY A LA CONTRAINFORMACIÓN Y LA BUENA MÚSICA 24/7

 

 

 

 

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