RCVO | ¿Estamos en guerra?
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¿Estamos en guerra?

¿Estamos en guerra?

Esa fue la frase que pronuncio decididamente Sebastián Piñera en el discurso transmitido anoche por cadena nacional, lo cual puede ser leído como un impulso más de parte de este caballero que ha evidenciado nula o escasa capacidad política para manejar una situación de crisis y levantamiento colectivo y popular que hace rato, pese a la porfía mostrada por él mismo y los congresistas, dejó de ser un problema por el alza de un pasaje (algo casi periódico desde que se instauro el Transantiago el 2007 como sistema de transporte en la región metropolitana), y que al masificarse por todo el país, se muestra tal y como es, una crisis sistémica y estructural que se encuentra inoculada en nuestra vida social, política y económica, desde que se nos utilizó como conejillo de indias en plena dictadura para experimentar la fase más carnaza que hemos podido conocer respecto del modelo capitalista, el neoliberalismo, y que se ha ido profundizando con el paso de los años y la complicidad de los gobiernos de turno, independiente de sus colores o siglas, quienes han sabido administrar el modelo a su conveniencia. 

 

 

La otra lectura que se podría hacer respecto de los dichos del nefasto e inútil presidente de la república, es que detrás de sus palabras se encuentra escondido el miedo que le provoca la manifestación espontánea del pueblo que se aburrió de sentir el pico en el ojo cada vez que se dictan leyes, reformas o incluso sentencias que involucran a personajes de la arena política, empresarial y de las fuerzas armadas y de orden, que a todas luces y sin descaro alguno, son excesiva y diametralmente distintitas y leves respecto a las que se les imponen a quienes no pertenecemos a la elite del país, incluso por faltas menores y que se encuentran a años luz de equipararse a las de ellos. El miedo de la clase política en especial el gobierno de turno, la configuración de la protesta, el alcance que esta tiene y la nula capacidad que tienen para buscar una salida (insistiendo que la crisis es estructural y no va a haber un cambio de modelo de la noche a la mañana), son las posibles causas de este arranque de sinceridad de parte de la máxima autoridad del país. El punto es el siguiente, a quienes convoca a esta guerra el presidente y de qué forma se desarrollara. Lo primero es evidente, el evasor Piñera se jugó su carta más poderosa en este juego de rol en su primera noche de crisis aguda, la de declarar estado de emergencia y recurrir a los milicos para que volviesen a las calles 29 años después de su última y cruel aparición en la vida pública, lo segundo es más complejo de analizar y podemos caer en el terreno de la especulación o como se dice coloquialmente, de la conspiración, sin embargo, me gustaría desechar esto último (bastante utilizado por la gente), puesto que no es algo conspiranoico, todo está en manuales que se han ido escribiendo a lo largo de la historia por parte de las fuerzas militares de inteligencia y gubernamentales para enfrentar sucesos como este que alteran el orden interno que tanto les conviene. El cómo se desarrolla esta guerra en la mente de Piñera y Cia, es algo que podemos ir viendo de forma cronológica conforme van transcurriendo las horas y como se desarrollan ciertos sucesos al calor de esta revuelta social que se ha hecho imparable y nos llena de orgullo de clase sintiendo que por fin nos sacudimos del letargo infinito al que estábamos expuestos por múltiples factores. Lo que ocurrió el día viernes fue algo que a todos nos explotó en la cara, el nivel de la protesta fue empapado con el mejor acelerante y desbordo lo que venía siendo solo una demostración de auto organización espontanea para evadir el metro frente una nueva alza y los dichos indolentes de los personeros de gobierno, comenzando a comprenderse en las calles que lo que habíamos visto durante la semana, era solo el charchazo final que recibíamos en el rostro para despabilar y ver con claridad el mapa completo de la injusticia social en Chile,  decidiéndonos a ir por y contra todo lo que nos oprime, todo lo que nos coarta, que nos humilla, en resumen, que nos tiene en indefensión total frente a una maquinaria voraz y maldita.

 

 

 

Ante esta situación de convulsión, Piñera declara el estado de emergencia y manda a los milicos a la calle para prestarle ayuda a los pacos, pese a eso, vemos con extrañeza que las calles, salvo algunas pocas excepciones, se encuentran sin presencia de estas fuerzas represivas que por deducción, estarían presentes en los puntos críticos de la ciudad, léase estaciones de metro y comercio. El gobierno confió en que el anuncio del estado de emergencia provocaría cierto temor en la población, bajaría la intensidad de la protesta y daría pie para convocar a este dialogo social que buscaría frenar la movilización (de esto debemos señalar que el dialogo para el gobierno es con armas en la mesa y unilateral, puesto que participará solo la elite política del país), sin embargo, la gente hastiada hasta la medula, se sacudió el miedo y volvió a las calles desde temprano el día sábado, copando las calles y avenidas principales de las distintas y ciudades lo largo del país, insistiéndole en la cara del gobierno que esto no parará con medidas tibias como el congelamiento del alza del pasaje de metro y con las FF.AA en las calles. Esto generó que el gobierno tomara distancia de lo que ocurría durante gran parte de la jornada y bien entrada la tarde del día sábado, anunciara el toque de queda en la región metropolitana y el estado de emergencia en otras regiones del país (con su respectivo toque de queda también). Piñera escalo un peldaño más en su estrategia represiva al declarar el toque de queda, lo cual hacía suponer que se verían más milicos resguardando los puntos de conflicto (se quemaron estaciones durante el día que sospechosamente tenían metros en su interior y que ya habían sido atacadas la noche anterior, sin verse resguardo policial ¿?) y al avanzar la noche, a lo largo de chile, fuimos testigos de saqueos en supermercados que se prolongaban por horas, lo cual merece mucha extrañeza teniendo en cuenta que había toque de queda en la ciudad, saqueos que se extendieron hasta el día domingo, sin que mediase un intento de control por parte de los pacos o milicos. 

 

El punto de los saqueos no es algo que se busque condenar en esta columna, en lo absoluto, incluso entendemos estos sucesos como una legitima respuesta al constructo social en que nos encontramos inmersos, pese a que nos encantaría ver un componente más de clase en dichas acciones (saqueos organizados para abastecer a la población durante lo que dure y tenga que durar esta revuelta, control territorial, etc.), sin embargo, la forma en que fueron sucediendo, sumado a las informaciones que se comenzaron a suceder durante el día domingo, nos entrega una pista de cuál es el plano al cual se dirige la guerra de Piñera. El gobierno sabe que en su mayoría, la gente condena los saqueos, lo considera delincuencia pura y dura, por ende que mejor estrategia que dejar que estos se sucedan sin problemas, habiendo incluso registros de como en presencia de efectivos de pacos y FF.AA, la gente ingresaba en tumulto a dependencias de supermercados y mayoristas. El permitir los saqueos o dar espacio suficiente de tiempo para que estos se concreten sin asistir a reprimir dicha acción, es la táctica del gobierno para comenzar a polarizar el núcleo social, entre delincuentes que se aprovechan de la protesta y el ciudadano de bien que no avala estos actos pero si está por cambios sociales, más aún, la prensa, al igual que posterior al terremoto del 2010, ha colaborado a profundizar esta polarización al difundir falsos saqueos en ferias libres (algunos ocurrieron como intentonas pero era demasiado evidente el nivel de infiltración por parte de quienes lo realizaron) o en casas particulares, lo cual solo provoca miedo en la población y rechazo a la protesta considerando que se tergiverso todo lo que hay detrás de esta revuelta.

 

 

 

Sabemos que el humano con miedo actúa de la forma más irracional y con esto, podríamos por una parte, ver pobladores asesinando pobladores o que ante el temor de ser violentados, la gente comience a pedir más fuerzas de orden en las calles o que estas actúen más drásticamente para frenar este estado de caos que se fue generando en el inconsciente colectivo por las maniobras mismas del gobierno y su prensa asociada. Todo esto es lo que hemos podido ir viendo con el correr de las horas, no es nada que salga de una teoría conspirativa ni nada por el estilo, ya al finalizar la jornada de ayer vimos pobladores organizándose con palos para defender sus casa, barrios e incluso supermercados, haciéndose evidente que la estrategia de guerra de Piñera está dando frutos. El llamado es a no pisar el palito, a no dejarse engañar por la prensa y el gobierno, a no desviar el foco de la atención primaria de esta revuelta social, que es el descontento y la demanda de una vida digna bajo parámetros sociales que nos den esa dignidad perdida. Piñera si tiene razón al señalar que estamos en guerra, pero una guerra de clases, no guerra civil, una guerra contra la miseria del sistema que ellos como elite ha creado y consolidado, una guerra contra toda injusticia social, sus creadores y detentadores. Como medio de comunicación debemos también sumar la guerra contra la desinformación y el ocultamiento de los medios burgueses respecto de la violencia de las FF.AA y pacos, que ya han cobrado la vida de gente activa en la movilización. 

 

Malcom X lo dijo años atrás, “Ten cuidad con los medios de comunicación porque vas a terminar odiando al oprimido y amando al opresor”…a esto juega Piñera, esta es la estrategia de su guerra, manipular los sucesos para olvidar el verdadero enemigo y la legitima lucha. Por último, si ud lee esta columna y considera mal que no condenemos los saqueos, piense lo siguiente, es nueva la delincuencia?, es delincuencia también la evasión de impuestos, la colusión o el financiamiento de la politicia, de ser así, invoco fuerzas represivas contra esos delincuentes?, hay una responsabilidad social con estos hechos, hay un mea culpa que debemos hacernos nosotros también por ser parte integrante de un todo social?, es el momento de enfocarnos en los saqueos y no en terminar con la injusticia social imperante?, es preciso desaprovechar esta oportunidad histórica que tenemos para poder cambiarlo todo?. Ahí se las dejamos, la guerra de Piñera necesita de nosotros en su bando para triunfar, quieres que sigan triunfando los mismos?. 

 

Salud y rebeldía. 

 

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